miércoles, 27 de julio de 2011

Caminando sobre nubes

Quizás la expresión no es la más acertada si tomamos en cuenta que la experiencia la tuve en una vertiente cristalina de agua.

Aunque el nombre vulgar de este fenómeno geológico sea Fervedouro (hervidero, en castellano) el agua que fluye directamente de la tierra no es agua
caliente como es el caso de los geisers.

Usualmente, los fervedouros se encuentran enclavados en la selva rodeados de una vegetación exuberante.


Los bananeros, buruties y el típico arbusto bajo de el cerrado rodean el circulo casi perfecto de agua cristalina que sólo rompe la simetría para darle paso al arroyo que desemboca en algún río cercano.

En realidad se trata de agua templada en la que es muy agradable tomar el baño, aunque el sol se encuentre oculto por el follaje.

Lo verdaderamente increíble es la sensación de ingravidez que se siente al entrar en el área
directa de influencia de la vertiente. De tal manera que es imposible hundirse.


La experiencia es fantástica. Realmente me da la sensación de estar sobre una nube al intentar desplazarme.

El caudal de agua que fluye de la abertura es uniforme y genera en la arena del fondo, blanca y extremadamente fina, un movimiento similar al de agua en ebullición.

La primera vez que entré en uno de ellos la sensación que tuve fue difícil de comprender y más aún de describir.

E intenté construir en mi mente una forma de explicarlo, careciendo de información científica.

Alrededor del la zona donde el agua efectivamente fluye, el suelo de arena fina es sólido y permite caminar sobre él. Es agradable verme los pies mientras avanzo en dirección al centro de la vertiente!


Existe otro círculo, que no es necesariamente concéntrico, y que
constituye una especie de embudo. Es el lugar por donde el agua sale a la superficie.

Este espacio tiene paredes que no son rectas, sino mas bien inclinadas, y que no son visibles a simple vista debido a la arena en suspensión.


Caminar hacia el centro supone abandonarse a lo desconocido, una especie de temor excitado (¿existirá ese término?) me recorre el cuerpo.

Sólo sé que no quiero perderme la experiencia aunque no sé verdaderamente en qué consiste.

Al final, como en otras ocasiones, me dejo llevar por la motivación de aprender y experimentar y doy un paso que se me antoja enorme.


Siento que me hundo y vuelvo a flotar, la arena se arremolina alrededor de mis rodillas, pero intuyo (mas que siento) que debajo mío no hay nada, salvo el agua.

La sensación es impactante ya que no hay de dónde agarrarse!!!

No tengo ni idea del tamaño del orificio por donde fluye el agua, sólo siento que una corriente ascendente me impulsa hacia arriba de manera sutil e impide que mis pies toquen algo sólido.

Está bien por hoy y en adelante visitaré otros fervedouros por la zona, pero esta ocasión es única.

Fue uno de esos momentos en que me he enfrentado a una nueva experiencia, un espacio donde el temor o la desconfianza debe dejar paso a la curiosidad y al ansia por conocer.
En definitiva es darme permiso para avanzar y crecer.

Por suerte la naturaleza tiene reservado estos lugares para seguir sorprendiéndome y yo mantengo la ilusión del niño, que abre los ojos hasta límites insospechados, ante cada nueva invitación a participar del espectáculo de la vida.



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